Cuando somos pequeños no nos damos cuenta de que el tiempo corre en nuestra contra, disfrutamos del día a día, no tenemos grandes preocupaciones, sólo queremos divertirnos y ser queridos.
Una vez en la adolescencia, queremos hacernos más mayores, sabemos ya que la gente se muere pero vemos nuestra muerte muy lejana, no pensamos en ella ni nos preocupa. Queremos cumplir años para poder tener más libertad y disfrutar más de la vida.
Cuando nos hacemos adultos, valoramos mucho más el tiempo, somos más sabios, conocemos un poco mejor la vida y nos damos cuenta de que tenemos aún que aprender muchas cosas, no lo sabemos todo. Disfrutamos más de los momentos buenos, tenemos más preocupaciones y empezamos a tener miedos, entre ellos, al futuro que nos espera. Tenemos que despedirnos para siempre de personas que queremos, las cuales pensábamos años atrás que estarían con nosotros siempre y tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida. Qué difícil es dar el paso de dejar de depender de los demás y decidir por ti mismo qué camino elegir en la vida y recorrerlo sin tener a nadie a tu lado que te proteja. Pero así es la vida, un juego en el que hay un único jugador.
Al convertirnos en padres, queremos que nuestros hijos sean muy felices, ya que somos los responsables de su nacimiento. Ningún padre tiene un hijo para que sea infeliz en su vida.
Los protegemos todo lo que podemos, algunos padres lo hacen demasiado sin saber que lo que van a conseguir es que su hijo dependa de ellos y sufra inseguridad en el futuro cada vez que se sienta solo y tenga que enfrentarse a algún reto o problema.
Ser padre es una gran responsabilidad, no hay un manual de instrucciones que te den cuando tu hijo nace. Hay que aprender a ser padre y mejorar cada día. Y no todo el mundo está capacitado para serlo, ojalá se pudiera evitar que algunas personas tuvieran descendencia porque hay niños que sufren mucho sin ser los culpables de haber nacido, ya que ellos no eligieron el hacerlo. Ojalá se pudiera también elegir a nuestros padres.
Es muy duro ser un niño y no recibir cariño de tu familia o vivir en una casa conflictiva sin amor. Dicen que los 8 primeros años de edad marcan la vida de las personas.
¿Para qué nacemos? La vida no es un camino de rosas para nadie. Viviremos momentos felices, momentos de tristeza, momentos de rabia, momentos de dolor, momentos divertidos, momentos de preocupación... Igual nacemos para experimentar todo eso.
Lo que es seguro es que no vamos a estar aquí para siempre, por eso, debemos aprovechar el tiempo que nos han concedido para intentar ser felices, descubrir más el mundo e intentar que nuestra vida haya servido para algo, que sea significativa, que cuando se acabe nuestro tiempo nos sintamos orgullosos de cómo hemos sido y de la vida que hemos tenido.

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